Sociedad Civil: El arte de la conexión humana

Sociedad Civil: El arte de la conexión humana

Primero de una serie de tres partes sobre la práctica de la vida ciudadana

Perspectivas

"Tenemos que llegar a la presencia de los demás seres humanos con un sentido de admiración y gratitud." - Stephen L. Carter [1]

Dirigir una sociedad siempre parece ser trabajo de otra persona, alguien con más influencia, más dinero, más tiempo. Tal vez esperamos que algún programa o patrocinador tome la iniciativa. Pero cuando se trata de cuidar a la gente, no hay alguien más, sólo estamos nosotros. El compromiso cívico requiere un espacio para que las personas actúen sobre sus creencias y resuelvan los problemas de sus comunidades. Este espacio es tan grande y libre como lo hagamos.

Las sociedades son muy parecidas a los organismos. Tienen muchas partes que funcionan juntas. Podría decirse que el gobierno actúa como la estructura ósea. El comercio alimenta el apetito. Dirigir escuelas es como el cerebro. La industria es el músculo. La aplicación de la ley son los brazos. Y la gran esfera voluntaria de personas que ayudan a la gente es el corazón que envía la buena voluntad en todo el cuerpo político. Este elemento vital de los afectos humanos se llama sociedad civil e incluye el trabajo de las iglesias, organizaciones de beneficencia y una serie de organismos sin fin de lucro.

La sociedad civil es el espacio en la vida pública separada del gobierno y los negocios. Promueve redes de relaciones que se desarrollan de manera orgánica. Esta arquitectura de la vida social nos permite unirnos con otros con quienes compartimos principios en busca del bien común. Personas trabajando por iniciativa propia en su entorno - este es el catalizador de la comunidad.

Por ejemplo, las asociaciones de padres de familia, en donde los padres de familia colaboran en busca de una mejor integración de la comunidad escolar; los comedores comunitarios, que alimentan a quien no tiene recursos; los albergues, que dan a las personas sin hogar un lugar para dormir; las iglesias, que ofrecen dirección moral y pertenencia; los esfuerzos globales de médicos sin fronteras y hábitat para la humanidad, que reúnen voluntarios y recursos para ayudar a los necesitados. Incluso pequeñas cosas como unirse a un club de lectura o entrenar a un equipo de jóvenes, fortalece la sociedad civil.

¿Por qué es tan necesaria toda esta interacción? ¿No es la vida más fácil sin problemas ajenos? Tal vez, pero más fácil no siempre es mejor. La comunicación moderna es una maravilla. Nunca antes la hemos tenido al alcance de tantas personas. Sin embargo, tendemos a aislarnos en nuestros propios mundos en línea, lo que favorece las vistas que nos gustan y hacemos a un lado los que no nos gustan. Las opiniones son más duras. La tolerancia a lo diferente disminuye. Parece que estamos más dispuestos a interactuar con imágenes que con personas.

Incluso ante­­­­s de las redes sociales, un estudio, del académico Robert Putnam, encontró que "se firma un menor número de peticiones, hay menor participación en organizaciones, se conoce menos a los vecinos, las reuniones con amigos son menos frecuentes, e incluso la socialización con la familia es menor" [2]. Otro estudio mostró "un gran cambio social" hacia el aislamiento en los últimos años, informando que la gente tiene "menor número de contactos a través de las asociaciones de voluntariado y barrios" [3]. Nuestros esferas comunes se están reduciendo.

"En las sociedades saludables", explica el columnista David Brooks, "las personas viven sus vidas dentro de una galaxia de lugares cálidos. Son miembros de una familia, barrio, escuela, organización ciudadana, grupo de aficionados, la empresa, la fe, la cultura regional, nacional, continental y mundial. Según Putnam, "Una sociedad de muchos individuos virtuosos pero aislados no es necesariamente rica en capital social" [4].

Ninguna cultura, independientemente de qué tan avanzada esté, puede prosperar sin cultivar la confianza y la cooperación entre sus ciudadanos. La riqueza de una sociedad se mide por su capital social.

Más que leyes o asambleas legislativas, los afectos del corazón son el pegamento que mantiene unida a la sociedad. Los modales son tan importantes como las reglas. La conexión humana no sólo sucede por arte de magia; es un arte y, como todas las artes, requiere paciencia, la colaboración y el trabajo duro.

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[1] Stephen L. Carter, Cortesía: costumbres, la moral, y la etiqueta de la Democracia (1998).

[2] Robert Putnam, Bowling Alone: ​​el colapso y la reactivación de la Comunidad Americana (2000).

[3] Miller McPherson, Lynn Smith-Lovin y Matthew E. Brashears, "Aislamiento Social en América: Los cambios en el núcleo de discusión Redes más de dos décadas," American Sociological Revisión 2006; 71; 353.

[4] Robert Putnam, 19.

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