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Comentario

Por qué es importante la religión: El anhelo interior

Este ensayo acerca de la fe individual, es el primero de una serie de cinco partes sobre el valor de la religión

 “La fe nos da el poder para ver lo invisible, hacer frente a lo imposible y esperar lo increíble”. — Reverendo Samuel Rodríguez [1]

Nuestro mundo moderno ofrece más oportunidades y posibilidades que nunca. La ciencia y la tecnología expanden nuestro conocimiento de manera continua, y la diversidad de las visión del mundo religioso sigue creciendo. Nuestros horizontes parecen hacerse más delgado y más rápido de los que somos capaces de controlar, pero al final,seguimos siendo las mismas personas espirituales. El anhelo interior perdura a través de nuestras travesías.

Las religiones comparten una percepción común: existe algo incompleto en nosotros. Así que ansiamos estar completos. Si toda pregunta tuviera una respuesta rápida, no habría la necesidad de orar. Si cada dolor tuviera una cura fácil, no habría la sed de salvación. Si cada pérdida fuera restaurada, no habría el deseo de regresar al cielo. Mientras estas necesidades sigan presentándose, también lo hará la religión. Es una parte natural de la vida. Ser humano significa experimentar incertidumbre, sufrimiento y muerte. La religión, sin embargo, es una escuela para crear sentido del caos, un hospital para sanar las heridas que no se ven, una cuerda salvavidas que nos ofrece una segunda oportunidad.

Sobre este asunto, el rabino David Wolpe enseñó que la religión “puede ingresar en un mundo en el que hay mucho dolor, sufrimiento y muerte, y traer significado, propósito y paz”.[2]

Aunque la religión aborda estas necesidades, ellas no la crean. La religión no es la mera respuesta humana ante la adversidad. Trasciende lo humano; proviene de una fuente mayor. La historia nos muestra que los hombres y las mujeres, en momentos buenos y malos, buscan la verdad fuera de ellos mismos, así como dentro de ellos,  y procuran las respuestas que reciben.

Además, la religión es el conjunto de personas con un mismo fin que se convierte en una hermandad de creyentes. No obstante, si ésta no puede ganar el corazón de la persona, no puede sustentar su comunidad. Las experiencias espirituales de cada individuo pueden ser tan distintas como las personas mismas. Ya que “vemos por espejo, oscuramente”,[3]la mayoría de las cosas en la vida confluyen en la fe. Al final, en aquellos momentos de búsqueda de lo divino, es el individuo el que analiza los detalles, valora la evidencia y toma decisiones en los asuntos de más alta importancia. Este análisis es el proceso de la fe. Ludwig Wittgenstein escribió: “Creer en Dios significa ver que los hechos del mundo no son el fin del asunto”.[4]

La vida humana se trata del significado. Nuestra naturaleza nos lleva a un propósito y a analizarnos a nosotros mismos espiritualmente. La religión proporciona un espacio en el que las preguntas y el significado se pueden buscar, encontrar y transmitir. Esa conexión entre la religión y el propósito continúa hoy en día.

Si se trata de estilos de vida saludables, confianza social o ser caritativo, las ciencias sociales atestiguan una infinidad de formas en las que la religión puede beneficiar a las personas. De acuerdo con un estudio reciente, por ejemplo, “aquellos que indican que se sienten seguros acerca de la existencia de Dios reportan un sentido de propósito más alto”.[5]

Esto es particularmente relevante ahora. Nuestro encuentro con la vida moderna es a menudo un destello de imágenes que se encienden, resplandecen y desaparecen, muy rico en la superficie, muy abandonado en las raíces. Sin embargo, la religión y la espiritualidad que inspira, va por debajo de la superficie y nos conecta con los fundamentos morales que afianzan lo mejor de nuestra humanidad global.

Durante su vida, Will Durant, un historiador de ideas y culturas, se maravilló del poder de la fe religiosa. Él mismo, sin embargo, no obtuvo una creencia definitiva con respecto a Dios. Al final de su vida de aprendizaje y  de observación, volvió su mente al significado de la iglesia. En sus reflexiones mostró que incluso una persona agnóstica puede ver el perdurable encanto de la religión en cuanto a lo desconocido:

“Estas torres de las iglesias, en todas partes apuntando hacia arriba, ignorando la desesperanza y elevando la esperanza, estas agujas elevadas en las ciudades, o simples capillas en las colinas; se elevan de la tierra a los cielos a cada paso, en todos los pueblos de todas las naciones desafían la duda e invitan a los corazones cansados a la consolación. ¿Es ésta una ilusión válida? ¿No hay nada más allá de la vida más que la muerte, y nada más allá de la muerte que la descomposición? No podemos saberlo. Pero mientas el hombre siga sufriendo, estas torres seguirán”.[6]

La instituciones y la ideas florecen cuando cumplen necesidades reales y duraderas. De otra forma, tienden a morir de causas naturales, pero la religión no ha muerto. Al escribir en 1830, en el momento en que su país de origen abandonaba la religión, Alexis de Tocqueville observó que “el alma tiene necesidades que deben satisfacerse”.[7]Se ha probado que estaba en lo correcto. A través de los siglos, los intentos para desmentir estas necesidades han fallado. La religión proporciona la estructura para este anhelo, las iglesias son el hogar de la fe.

Aunque están construidas con madera, piedra y acero, las iglesias representan algo profundo en el alma humana, algo que anhelamos descubrir. Más que cualquier cosa hecha por el hombre, la religión da dirección y da forma a la búsqueda individual del significado. 


[1] Samuel Rodriguez, “Religious Liberty and Complacent Christianity,” The Christian Post, 10 de septiembre de 2013.

[2] “Why Faith Matters: Rabbi David J. Wolpe”, discurso dado en Emory University, 21 de octubre de 2008.

[3] 1 Corintios 13:12.

[4] Ludwig Wittgenstein, registro personal, 8 de julio de 1916, pág. 74e.

[5] Stephen Cranney, “Do People Who Believe in God Report More Meaning in Their Lives? The Existential Effects of Belief," Journal for the Scientific Study of Religion,  4 de septiembre de 2013.

[6] Will and Ariel Durant, Dual Autobiography Nueva York: Simon & Schuster, 1977.

[7] Alexis de Tocqueville, Democracy in America , Chicago, Illinois: University of Chicago Press, 2000, pág. 510.

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